LA COSA NO VA DE BATUTAS Por Carmen Bosqued y Hugo Grimalt

PARA LOS QUE QUIERAN SUMERGIRSE EN EL MUNDO DE LA DIRECCIÓN DE ORQUESTA Y COROS Y VER SU CARA MÁS OSCURA; AQUÍ LES TRAEMOS UNA ENTREVISTA CON UN ALUMNO DEL CONSERVATORIO SUPERIOR DE MÚSICA DE ARAGÓN: PABLO GONZÁLEZ.

¿Cúal fue el momento en el que decidiste que querías dedicarte a la música?

«Creo que para decidirte a estudiar música tienes que tener la sensación de que no puedes vivir sin la música. Es bastante arriesgado y parece una tontería, pero en cuanto puedes estar un día sin escuchar música o sin estudiar o sin pensar en ella, ya no deberías dedicarte a la música. Es un sacrificio, es arriesgarte mucho, es un mundo difícil. Hay que sacrificar mucho y tienes que tener eso muy claro. Yo eso lo tuve más o menos claro en cuarto de profesional, que es como cuarto de la ESO, en que yo estaba estudiando violín, pero tenía claro que no quería seguir estudiándolo. Por otro lado, también tenía muy claro que no podía dejarlo, porque no podía dejar la música. Y ahí es cuando decidí que tenía que cambiar de carrera, tenía que cambiar de opción, pero quería estudiar música y lo tenía muy claro por eso, porque no podía estar sin la música.»

De las miles de razones que puede haber para decidir estudiar el grado de Dirección en el CSMA, ¿cuál fue la tuya?

«Ahora mismo el CSMA, que es el Conservatorio de Aragón, es un conservatorio que está tirando bastante fuerte y es de los mejores conservatorios públicos de España, que es algo que muy poca gente sabe. Es un Conservatorio que se ha puesto las pilas y están haciendo las cosas muy bien. ¿Por qué dirección? Porque en dirección, una cosa muy buena que hay es que haces muchas horas de prácticas. En muchos otros conservatorios hay más plazas, cogen a más alumnos, y por el sistema tiene muchas menos horas de prácticas. Además, los dos profesores que hay son muy buenos. Son dos profesores absolutamente opuestos, lo que te permite conocer dos mundos: uno, en primero y segundo; y otro, en tercero y en cuarto. Esto podría confundir a los alumnos, pero como son dos profesores tan buenos y con tanta comunicación entre ellos no hay problema.»

Con la educación que estás recibiendo y las experiencias que has ido adquiriendo a los largo de tus años dirigiendo a personas diferentes, ¿Qué crees que hace a un director de orquesta excelente?

«Lo que habitualmente pensamos sobre esto es que lo que cambia de un director a otro es su forma de interpretar la música; es decir, la música ya está escrita, el compositor escribe la música y al escribir la música utiliza una serie de signos para lo que él está pensando, plasmarlo en el papel. Luego entonces hay que interpretarlo, y siempre hay un margen de interpretación. Hay compositores que permiten más margen y otros que, menos. Todos esos matices de interpretación para un lado o para el otro es lo que cambia de un director a otro y es lo que hace a un director mejor o peor. Eso es lo que solemos pensar. Luego creo que hay otro punto más, que es todo el talento que tenga el director. No solo como músico, sino también su talento en el trato con los músicos, en la gestión, en hacer espectáculos que llamen a la gente… Un poco esas dos facetas: como músico y como líder y coordinador.»

En cuanto al repertorio, ¿cuáles son los compositores cuyas obras te inspira más dirigir?

«Cuando estás dirigiendo, cuando estás interpretando, y ya llegas a cierto nivel de profundidad, que hay como un paso más, que tú ya realmente sientes que estás haciendo la música, te metes más en situación, te pones más en el lugar. Esto es un poco abstracto y un poco extraño, pero es una sensación en la que suena click y ya estás ahí. Hay veces que tu estás interpretando y esa música te llega un poco más, la interiorizas de otra manera y la estás interpretando de otra manera y estás como más en conexión con el autor. Esto no pasa necesariamente con un solo compositor, yo todavía lo estoy descubriendo. Sé es verdad que luego todo el mundo prefiere un estilo u otro. Yo, en particular, por poner nombres, compositores del primer romanticismo como Schubert, Beethoven aunque sea clasicista, Schumann, Brahms… un poco el romanticismo, y en concreto las piezas con las que descubrí este paso fue con Tchaikovsky. Es un compositor que siempre me ha gustado, pero igual nunca ha sido el que más, y me pasó con él enseguida. Enseguida interioricé su música.»

Siempre ha sonado pretencioso acercarse a figuras icónicas de cualquier tipo de arte, sin embargo, ¿hay algún director (del pasado o del presente) que tengas como modelo, que admires o que sientas que tienen un temperamento parecido al tuyo?

«Hay diferentes tendencias. Hay directores que se agrupan en pequeños círculos y se diferencian en estos directores hacen las cosas así y estos otros las hacen asá. A mi, particularmente, mientras que hay mucha gente que defiende a los antiguos, a la vieja escuela, a los grandes directores del pasado; yo creo que en el pasado se hacían las cosas como se tenían que hacer, pero ahora hay muchas nuevas formas de hacerlas y a mí eso me atrae más. En concreto, de las vías que hay ahora, yo me quedo mucho con lo que se llama el historicismo, que son directores que estudian, desde el punto de vista de la historia de la música, las partituras en profundidad y tratan de recrearlo de la formas más fiel posible en cuanto a instrumentos, técnicas etc. Y yo me quedo mucho con esa corriente. Por poner nombres, aunque no haya ninguno con el que me sienta identificado totalmente, sí que hay uno en concreto, Roger Norrington, que además lo identifico mucho con mi profesor de ahora tanto mental como físicamente. También me gusta mucho particularmente Sir Eliot Gardiner.»

¿En cuantos instrumentos te has especializado?

«De ninguno. Yo empecé a hacer violín, y tengo el grado profesional de violín, pero no me especialicé en él, lo dejé. No me he querido especializar en ningún instrumento, porque es muy duro tocar un instrumento. Es más duro tocar un instrumento que dirección. Son muchas horas teniendo que estar con tu instrumento tocando y estudiando, mejorando y repitiendo todo el rato. Yo no puedo con ese trabajo, hay gente que puede y la admiro muchísimo, pero yo no podría. Por eso, no estoy especializado en un instrumento; a mí me gusta más la dirección, porque tocas más cosas. Como que tienen más cosas con las que jugar. Estudias historia, armonías, tienes que analizar todo desde muchos parámetros, estás todo el rato cambiando de actividad, no estás todo el rato centrado en tu objeto para hacerlo todo perfecto.»

¿Cuál es el máximo número de personas que has dirigido en una orquesta? ¿Y el mínimo?

«El mínimo número de personas que he dirigido es una. Lo cual no tiene mucho sentido ya que dirigir es coordinar, y no puedes coordinar a una sola persona. Llegué a esta situación porque nosotros las clases del día a día las damos con dos pianistas. Entonces un día faltó uno y pude solo dirigir a un pianista.

En concierto, el máximo ha sido siete personas, que fue en un concierto en el que interpretamos Historia de soldado, que es una pequeña obra de teatro que tiene muy pocos instrumentos. Son solamente siete instrumentos, y el narrador, ocho.

Y el máximo en orquesta, he llegado a dirigir a unas 60 personas.»

¿Cuáles son tus planes y proyectos de futuro?

«Es una pregunta muy complicada ahora, por todo lo que ha pasado. Para empezar soy una persona que no le gusta pensar en el futuro; lo que sí que tengo pensado es este verano no hacer nada. Iba a hacer cursillos pero tal y como está la situación, está difícil acabar cuarto al año que viene. Si puedo graduarme, que no sabremos si podré, acabar al año que viene. No sabemos si se van a poder hacer ensayos ni actuaciones, es muy difícil. Entonces, si puedo, acabar cuarto y después hacer un postgrado en el extranjero, aún no se sobre qué. Un poco mi futuro es ese. Decidir el postgrado y después ya veremos como está todo, porque la situación es ahora muy complicada para poder tener una idea más clara de qué va a ser del futuro.»

¿Que crees que marca una verdadera tendencia o estilo dentro de la dirección orquestal?

«Sobre la dirección creo que hay que tener cuidado, precisamente con intentar marcar una tendencia. Porque mucha gente, muchos directores, por querer marcar una tendencia, al final lo que están haciendo es salir de ese margen de interpretación que pueden dejar los compositores en las partituras. Hay que tener mucho cuidado, porque la mayoría de los directores que quieren marcar tendencia se salen de este margen de interpretación. A partir de ahí, hay que plantearse cuál es el prisma o tu prioridad de objetivos con el cual interpretas. Hay directores que prefieren hacerlo históricamente, lo más real posible; otros, que quieren que sea lo más explosivo posible, y o lo más sentimental posible. Algunos, quieren que suene muy fuerte y muy grave, y otros, que suene pequeñito e íntimo. Cada uno tiene su estilo y busca un sonido o una forma de hacer las cosas.»

¿Crees que el público que consume música clásica que asiste a los teatros, envejece sin remedio?

«Rotundamente sí. El público que acude a ver este tipo de espectáculos, no sé si pasa lo mismo en el teatro, pero en la música clásica está bastante envejecido, y es algo que me da mucha pena, porque en un concierto de música clásica actual, existen dos tipos de público: un mayoría cuya media de edad es de los sesenta años, y luego, un pequeño porcentaje, que son los que realmente nos gusta la música clásica, en la que hay personas de todas las edades. Pero más que el público sea mayor, es que la música clásica tiene restos de acto social, y el público que va, especialmente el público mayor, siempre va para vestirse de una forma, para encontrarse a un tipo de gente, y eso es lo que más me apena. La música clásica es cultura, y debe ser considerada como un acto cultural, al que pueda ir todo tipo de público. Este problema en Europa es todavía es más grave; en España pasa un poco menos, porque tenemos menos nivel cultural. Aunque en España todavía hay gente que se sorprende, si le invitas a un concierto de música clásica; a lo mejor piensa que hay que ir con una ropa determinada. Por eso, todavía queda esa barrera.»

¿Resulta relativamente sencillo encontrar trabajo siendo director de orquesta, o por el contrario es una tarea ardua?

«Es muy difícil; es tan sencillo como hacer matemáticas: ¿Cuántas orquestas hay? ¿Cuántas bandas, coros, musicales, espectáculos de música en directo, orquestas de bandas sonoras, orquestas infantiles, orquestas de conservatorio…hay?

Después divides eso entre el número de gente que se gradúa de dirección de orquesta al año. Las matemáticas nunca salen. La suerte es que como es bastante trasversal, puedes tener muchas otras opciones, como ser profesor. Lo que normalmente se hace al empezar a buscar trabajo, es acceder como ayudante de otro director, y ese director luego te deja preparar a la orquesta, y cuando esa persona se jubila o tiene un proyecto que no puede hacer, entonces te recomienda.»

¿Podrías hablarnos de los tipos de batutas? ¿Cuál consideras que es la más adecuada? ¿y las menos aconsejables?

«Creo que es la pregunta que menos me gusta, puesto que la gente que no conoce el oficio está obsesionada con las batutas. El problema reside en que dentro de los que estudiamos dirección, algunos nos damos cuenta de que no es para tanto, mientras que otros están igual de obsesionados. Considero que esto es algo peligroso, porque no es para tanto. Sí que debe de existir cierto fetichismo en el ámbito instrumental, porque sí entiendo que a un músico le guste su instrumento, al igual que a un bailarín o a un futbolista sus zapatos. Pero en el caso de las batutas, a parte de algo personal, no hay que darle tanta importancia, puesto que es tan solo una herramienta.

Hay muchos directores que piensan que no tienen que tener empuñadura, que tiene que tener una distancia determinada…

Evidentemente, hay mínimos de calidad, no vale cualquier cosa, pero a partir de ahí depende de las preferencias de cada uno. No son tan caras, y se puede conseguir una muy buena batuta por un precio muy asequible.

A mí me gusta que tenga empuñadura, y que pese poco. También me gusta que no sea demasiado larga. Hay directores que llevan batutas sobredimensionadas que dan la apariencia de un cetro; lo importante es que se vea, el resto es decoración.

Me gusta que los materiales de los que esté hecha sean ligeros. Antes llevaba una de madera que pesaba demasiado, y ahora tengo una de corcho y fibra que pesa menos.»

¿Existen diferentes estilos o escuelas en la dirección de orquesta? Si es así, ¿Cuáles son?

«Como he comentado que existe el historicismo, existen otros estilos. Las diferentes escuelas que hay, algunas más definidas que otras, dependiendo de los diferentes maestros del siglo XX que teorizaron e hicieron pedagogía sobre la dirección de orquesta, se crean ciertas líneas de pedagogía que los diferentes músicos deciden seguir. Esto se puede llamar escuelas. También es influyente la geografía, desarrollándose ciertas escuelas por regiones. Lo que varía en las distintas escuelas es el método por el que llegar al mismo resultado.

Puede variar la concepción del cuerpo, existiendo escuelas que utilizan más la muñeca, el brazo, el hombro, o todo el cuerpo. Hay escuelas en las que todo debe ser técnicamente perfecto, existen otras en las que no tiene que ser perfecto, pero tiene que ser expresivo.»

¿Has pensado en tener una carrera como compositor?

«Cuando estudias dirección estudias composición y viceversa. A mí me gusta componer; sin embargo soy un tanto mediocre, aunque soy creativo, y he compuesto algunas cosas. Siempre que compongo algo, es clásico; no compongo canciones actuales. Hay gente que tiene mucho talento para componer canciones de pop o de trap. Yo no tengo ese talento, aunque tampoco me he puesto a componer algo más comercial, porque siempre que compongo, lo hago para mí.

Me estuve planteando estudiar dirección o composición, aunque al final me decanté por dirección. Composición lo descarté, porque estudiar composición clásica es un poco cerrado, en el sentido de que estás estudiando algo que ya no se hace. Ahora, la composición es producción, si tú quieres componer y que tu música se escuche, debes depender mucho del mundo audiovisual y el mundo comercial.

No me veo en una carrera por lo que he comentado anteriormente, aunque sí que es algo que hago de vez en cuando, y que me divierte.»

Por último, ¿qué consejo le darías a alguien que quiere empezar el grado de dirección en el CSMA?

«Le aconsejo que lo haga, porque es muy divertido, sobre todo que escuche mucha música. Principalmente, por lo que he comentado antes de que si te vas a dedicar a la música, no puedes vivir sin ella. Si te das cuenta de que podrías vivir sin música, estudia otra cosa, porque vas a ser mucho más feliz estudiando lo que sea. Si tienes claro eso, escucha mucha música, conoce mucho, y cuanto más escuchas más abierto eres de mente y más bagaje tienes. Es muy necesario en esta profesión escuchar de todo, incluso cosas que en principio no te gustarían, las escuchas, y aunque luego no te gusten, ya las conoces.

A parte de eso, también le recomiendo que se prepare, que estudie mucho, que para hacer la prueba de acceso se la prepare muy bien. No es ninguna tontería invertir un año entero en hacer una prueba de acceso bien. Yo no lo hice, me estuve preparando durante varios meses.

Le recomendaría que no tuviera ningún pudor en venir a hablar con nuestros profesores, en venir a nuestros conciertos, en venir a nuestras clases, en venir a nuestros ensayos; por dos cosas, la primera es que así le vamos a conocer, y la otra, porque en la dirección es algo muy importante, el tener contactos, el moverse, el no tener vergüenza, entonces, cuando antes entres en contacto, antes vas a perder la vergüenza.

Finalmente hay que tener en cuenta que la dirección es muy comprometida, en el sentido del tiempo. Tienes que estar muy disponible, y este es uno de los mayores sacrificios que tienes que tener en cuenta antes de empezar. Por ejemplo, si te dicen que a las siete de la tarde tienes que hacer un ensayo de última hora, tienes que hacerlo; si te dicen que tienes que quedarte un fin de semana para perfeccionar una parte, tienes que hacerlo. Es una carrera en la que tienes que estar dentro, de hecho yo estudio dentro del conservatorio, porque a lo mejor estoy estudiando, viene alguien, me pregunta algo, y eso me da una oportunidad, para conocer a esa persona, su instrumento y a su profesor.»