LA EDUCACIÓN DE MIS SUEÑOS, por Raúl Cruz

Antes de comenzar con este artículo de opinión, quiero comentar la razón fundamental por la que me he decidido a escribirlo.

Un ejercicio de discusión entre un grupo de alumnos de 1º de bachillerato, entre los que me encuentro, es proponer sistemas educativos alternativos al que tenemos actualmente en España. Partimos del punto  de que no está nada mal, pero que se puede mejorar enormemente.

Para entender cómo debe ser una educación superior adecuada, tenemos que analizar cómo son las bases, y cómo sería mejor que fuesen.

En primer lugar, consideramos que la educación infantil debería considerarse obligatoria. No únicamente en aras de la formación de los niños (cosa que apenas ocurre), sino de las relaciones sociales de amistad que se establecen en esta temprana edad y que son fundamentales para el desarrollo de su identidad. Hacerla obligatoria permitiría conseguir una mejor igualdad de base para toda la población.

Imaginemos a unos padres que deciden recluir a su hijo en casa hasta los 6 años. Cuando lo integres de lleno junto a sus quintos no va a partir en igualdad de condiciones. Es una decisión que no toma el niño y que le va a marcar durante toda su vida de forma clara.

En cuanto a la educación primaria también tendría que reformarse, sobre todo apartándose de la línea que se propone con la LOMCE. La educación primaria, sobre todo hasta 3ero, tiene que ser una etapa para desarrollar en los niños sus capacidades básicas, tanto intelectuales -lectura, escritura, y comprensión lectora, aritmética sencilla, conocimiento básico de su medio y, muy importante, idiomas- como de sus aptitudes físicas. Es más importante explicarle qué pasa si se rompe un hueso, que saber que es una ecuación o una rima asonante.

Congreso de los Diputados, donde se aprueban las leyes educativas

Desde mi punto de vista, el problema surge cuando se intenta que los niños apliquen el método de estudio de los adolescentes y adultos a una escala menor; el método de aprendizaje tiene que ser diferente. No soy quien para dictaminar cual es este método, pero lo que sí que tengo claro es que se debe consultar a los profesionales educativos de nuestro país, y olvidarnos de una vez de decretazos, dependiendo del color del gobierno.

Siguiendo con esta idea llegamos a la educación secundaria obligatoria (ESO), polémica ya desde sus inicios hace más de 20 años. Considero que el hecho de que se extienda la educación obligatoria hasta los 16 años es un aspecto clave para defenderla. El carácter básico y universal  es extremadamente importante, y que no se debe atacar, sino reforzar y trabajar por mejorar.

La ESO, tal y como está planteada ahora mismo, se trata más o menos de una habitación que te abre muchas puertas, de muy diverso tipo. Este es otro aspecto clave fundamental, siendo además uno sobre los que ha atentado la LOMCE.

Los frecuentes cambios legislativos en materia educativa repercuten negativamente en la educación

De nuevo, propongo que los legisladores, a menudo distanciados de la comunidad educativa, pregunten a profesores, padres, alumnos, personal no docente, ciudadanos… Una idea de muchos es mucho más poderosa que un papel redactado en un despacho y firmada por nuestro querido presidente, y por el ciudadano Felipe de Borbón.

Respecto al bachillerato sí que tengo una idea que se distancia bastante de la realidad actual. A mi juicio, esta etapa, previa a los estudios superiores,  es en  la que   se adquiere la especialización que no se había conseguido con la ESO. En efecto, esa idea es fundamental.

La actual división de los bachilleratos me parece más o menos correcta. Tres troncos: ciencias, letras y arte. Los cuales se subdividen en 6 ramas; tecnológico, biológico, humanidades, sociales, artes escénicas y artes  gráficas. A esto habría que añadir la formación en estudios musicales.

Podemos comprobar que la oferta de bachilleratos en nuestro país es bastante amplia, y  creo que cubre todas las necesidades del conocimiento, tal y como lo entendemos a día de hoy .  Pero hay un gran problema, en mi opinión: la especialización no es suficiente.

Hablo desde mi conocimiento, el bachillerato científico tecnológico. En la EVAU (antigua PAU), nos examinamos de 4 asignaturas troncales obligatorias. Una de ellas es Lengua y literatura castellanas, y otra Historia de España, ambas muy alejadas de las opciones universitarias a las que nos queremos encaminar.

Realizando la EVAU

En ningún momento quiero decir que estas asignaturas sean menos importantes que otras más propiamente científicas. Mi argumento ronda la idea de que si es una prueba para entrar en una opción científica no tiene sentido evaluar tus conocimientos en una disciplina que no lo es. No obstante, considero que su obligatorio curso durante el bachillerato es fundamental. Desde mi punto de vista, la educación no es para formar personal cualificado, sino personas, ciudadanos del mañana de un país y de un mundo que aún no nos aventuramos ni a soñar.

El siguiente paso lógico, según cree la mayoría de la gente, sería matricularse en un grado universitario cualquiera, sacárselo y trabajar de lo que has estudiado. Esto es una idea completamente errónea. El objetivo de los estudios superiores es formar a personas en el campo del saber que más les gusta y para el que disponen de más aptitudes. No se trata pues de un mero convencionalismo social para producir profesionales.

La educación superior está tomando una peligrosa tendencia a depender de la demanda del mercado. Si necesitamos ingenieros, se favorecerán esas titulaciones en detrimento de otras. Esto sería lógico si fueran pequeñas facilidades, y no un ataque sistemático a grandes campos del conocimiento, como ocurre fundamentalmente con las letras. No hay duda de que nuestra sociedad es científica, pero no podemos tener una población que no estudie el resto del conocimiento. Aunque no parezca importante, lo es, mucho más de lo muchos creen.

Si alguien de los que lee esto está pensando qué grado estudiar, que por favor no priorice la demanda del mercado. ¿Te imaginas dedicar tu vida y tus esfuerzos a algo que no te apasiona?

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Alumnos del IES Élaios en un examen

Otro asunto muy controvertido en los estudios universitarios son los másteres. Llegaron a nuestro sistema con el plan Bolonia, y están decididos a quedarse. La idea que se propone con los másteres como complementos de los grados es buena, estudiar algo general y culminar tu formación de una forma más específica.

El problema surge cuando vemos el coste monetario de la jugada, un año de máster cuesta aproximadamente lo que 3 años de grado. Mucha gente acaba el grado y se tiene que poner a trabajar para poder pagar el máster, lo que provoca en muchas ocasiones que no se reenganche a los estudios. En definitiva, va a tener una titulación inferior al que se lo ha podido pagar inicialmente. Esto crea ya una diferencia que depende de las posibilidades económicas.

No tengo que argumentar apenas ya mi opinión sobre el fallido, por suerte, decreto conocido como 3+2; que proponía aumentar a 2 años los másteres que ahora eran de 1, y reducir los grados de 4 a 3 años.

Es importante remarcar la existencia de esa gran olvidada, que es la Formación Profesional, tanto media, como superior.  Muchos piensan que la FP es para los “tontos que no pueden con el bachillerato y con la universidad”, creencia totalmente falsa y que trunca, desgraciadamente, las aspiraciones profesionales de muchas personas.

Cursar una FP media en vez de un Bachillerato es una opción perfectamente válida, y no eres menos “listo” por tomar ese camino; sino todo lo contrario, eres capaz de enfrentarte a los convencionalismos sociales  y decidir qué es lo mejor para tu futuro.

Puedo hablar desde mi experiencia personal con la situación de algunos amigos míos. Acabaron la ESO a la par que yo y se matricularon en  bachillerato con el malvado convencionalismo social en mente. Poco tiempo después de empezar el curso se dieron cuenta de que se habían equivocado; el resultado fue que habían perdido un año de formación en plena flor de la vida. Los estereotipos sociales se habían vuelto a equivocar.

A continuación quiero hablar sobre la formación práctica. Una de las carencias de nuestro sistema educativo es este tipo de instrucción  demasiado teórica.

Apoyándome en testimonios de amigos y profesores puedo asegurar que lo que se enseña en los grados universitarios no te permite trabajar en ningún sitio. Todos mis conocidos han tenido que aprender su profesión sobre el campo. Este uno de los aspectos por los que reivindico una vez más la FP; si lo quieres es trabajar, aprende a trabajar.

Resultado de imagen de laboratorio escolar
La Formación Profesional, esa gran olvidada

Todos tenemos claro que dentro del sistema en el que vivimos si queremos hacer algo tenemos que gastar dinero. En el caso de la educación sería más correcto emplear el término “invertir”. Esta diferenciación no es a menudo tenida en cuenta por los responsables de decidir cómo financiar la formación.

Mi opinión es clara, la educación no es un negocio, y por lo tanto debe ser pública y gratuita para todos los ciudadanos. Los otros modelos de financiación que encontramos en España son por medio de conciertos o totalmente privadas.

Mi crítica hacia la concertada es bastante áspera. El argumento principal que se puede plantear es, “si quieren llevar a sus hijos allí, todo correcto, pero que se lo paguen ellos”. En efecto, esta afirmación tiene toda la razón, sin embargo no es el único argumento que voy a exponer.

La mayoría de escuelas concertadas pertenecen a órdenes religiosas. Es una contradicción que entre todos paguemos una educación que no es igual a la pública y que además permite mantener a una institución que tanto mal ha hecho al saber en nuestro mundo.

Esta educación la pagamos todos

Mi crítica hacía la Iglesia es poderosa. Es por ello por lo que considero que se debe eliminar la religión de cualquier tipo de las aulas, cualquiera que sea su modelo de financiación. La religión en la aulas, también en las públicas, lo único que hace es alimentar a la institución conservadora. Quiero mencionar que estoy hablando de la Iglesia todo poderosa que controla estos aspectos educativos; la labor de las parroquias y organizaciones benéficas me parece muy respetable al margen del dogma que intentan difundir.

Otro argumento a favor de la pública son las oposiciones, aunque imperfectas, son mejor que la adjudicación de un puesto de trabajo a dedo. En la concertada no las hay, por lo que existe la posibilidad de que el Estado pague a una persona que no ha probado sus capacidades educativas ante un tribunal.

Con el modelo privado también tengo discrepancias. El pagar por una educación nos podría hacer pensar que va a ser mejor, o al menos los contactos que vas a hacer son más poderosos que en los otros modelos de financiación educativa. El problema surge cuando solo pueden acceder a esta educación en principio superior unas élites económicas minoritarias. El resultado es que se crea una espiral viciosa, que retroalimenta la desigualdad social.

Teniendo en cuenta los argumentos expuestos queda claro que mi apuesta es una educación pública y de calidad para todos,  fundamental para conseguir una igualdad de base, como ya he comentado anteriormente.

Se puede escuchar a muchos políticos que la educación es un gasto muy grande. Lo primero que tenemos que tener claro es que no es un gasto como he dicho, es una inversión. “Gastar” dinero en formar a un país no es tirarlo; a la larga, si se emplea bien debemos tener por seguro que va a repercutir económicamente de forma favorable en el país. Y lo más importante, en el nivel cultural de una sociedad.

Lo que sí es un derroche de dinero es formar a profesionales para que después se vayan fuera de nuestro país. Esta es la triste realidad de fuga de cerebros que está ocurriendo en España. Es objetivo de todos generar un mercado laboral donde estas personas puedan incorporarse y aportar los valiosos conocimientos por los que todos hemos pagado.

Otra forma de invertir en educación son las becas. Personalmente, creo que son una muy buena opción para intentar conseguir una igualdad de oportunidades. Las becas por renta son importantes, pero también las de excelencia.

¿GASTAR en educación? No, INVERTIR en educación

Cuando se recorta se quitan primero las becas para los mejores estudiantes. ¿No se dan cuenta de que tal vez esa mente brillante es pobre?

Estudiar consume tiempo, pero dependiendo de cómo lo empleemos, éste puede ser más o menos rentable. En España tenemos un grave problema con los horarios, tanto escolares como laborares; hay varios estudios que demuestran que  España es uno de los países donde más se trabaja, pero donde menos productivas son las horas.

Aquí tenemos el concepto de que trabajar es una actividad que te puede ocupar todo el día, y que puedes “vaguear” durante el trabajo. La mentalidad nórdica es “cuanto antes lo haga, antes me podré ir”.

No estoy diciendo que el pensamiento del norte sea mejor; los españoles seguimos siendo uno de los pueblos más felices del mundo. Lo único que quiero hacer ver es que tal vez deberíamos cambiar nuestra forma de entender el trabajo.

Esta mentalidad se extrapola a la educación. Solo tenemos que ver que hay momentos en los que “perdemos” el tiempo en clase, y luego hay otros conceptos que cuesta más asentar y debemos dedicar mucho tiempo en casa.

Nuestros horarios deberían ser más flexibles y adaptarse mejor a la realidad para conseguir una mejor eficiencia, atendiendo al número de horas invertidas.

Voy  acabando ya este artículo, no sin antes recordar al lector que ha llegado hasta aquí, que la educación es de todos y para todos. Todos tenemos el deber de que siga mejorando, y de que no haya nadie que venga y se la cargue. Todos tenemos derecho a ser formados en igualdad de condiciones y  tener libertad de elección en nuestros estudios, independientemente de nuestra condición social y económica.